Cuando los directivos renuncian a la sensatez

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maquiaveloLos consultores que nos dedicamos a ayudar a las empresas a realizar cambios de envergadura, nos enfrentamos a lo largo de nuestra carrera a ciertos dilemas éticos, cuando los directivos a los que asesoramos renuncian a la transparencia con sus equipos.

Los cambios suelen exigir a los profesionales en las empresas creer en las palabras de los directivos, dejar a un lado las resistencias y dudas propias en favor de un decidido apoyo a la transformación, aunque la misma exija esfuerzos extras del equipo y propios.

La confianza en los directivos, imprescindible para facilitar los cambios, tiene como principales enemigos a la contradicción (entre lo dicho y lo hecho) y la incomunicación (entendida como ocultamiento de información y ausencia de posibilidades de participación).

Promover la participación del resto de la organización en la toma de decisiones (incluso en situaciones difíciles) tiene, sin embargo, un efecto positivo clave en la implicación con la organización: que los profesionales disponen de un margen de decisión para tomar sus propias decisiones para vincular autonomía y responsabilidad y, por lo tanto, favoreciendo su adhesión a los cambios.

He identificado a lo largo de mis años como consultor y asesor de empresas los siguientes comportamientos repetitivos de la dirección cuando han abandonado la senda de movilizar a sus equipos para llevar a cabo los cambios precisos, configurándose ellos mismos como la única opción válida para solucionar los problemas. Lo curioso es que, normalmente, han sido ellos quienes han llevado a la empresa a esa situación.

  • Ausencia de responsabilidad social (cinismo) usando criterios prácticos para sus fines al margen de cualquier consideración ética «por el bien de la compañía».
  • Instrucciones sin feedback ni fundamentación previa (unidireccionalidad), achacando a los demás los malos resultados y las decisiones desacertadas sin explicación ni consenso alguno.
  • Oscurantismo en el acceso a información relevante (elitismo) como instrumento para evitar posiciones adversas a sus decisiones.
  • «Todo va estupendamente» (ausencia de autocrítica), para anestesiar las posibles respuestas de temor ante la situación o de huida.
  • Cuestionamiento de las decisiones de los colaboradores una vez que no han funcionado (ausencia de delegación eficaz).

Estas actitudes parten de la creencia de que el resto de personas de la organización no perciben la situación y que carecen de toda información, lo cual raramente es el caso. Pronto estas actitudes directivas llevan a la organización a fuga de talento, desvinculación de las decisiones por parte de los managers de equipo y desgaste de la calidad de servicio al cliente.

Por lo tanto, cuando coincidan varios de esos 5 indicios es posiblemente el momento de pensar en abandonar al barco.

No debe entenderse este post como un alegato a favor de «los de abajo» frente a «los de arriba», sino como una llamada a la sensatez a todos aquellos directivos que atraviesan momentos difíciles en las organizaciones.

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